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Opinión | Vie, 09/21/2012 - 22:00

¡Que vuelva el Patrón!

Por: Julio César Londoño
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Como todos los colombianos mentalmente sanos, yo también confío en el éxito de los diálogos de paz. Es verdad que las Farc y el establecimiento han sido históricamente faltones y arteros, pero bueno, entre mentirosos se entienden.

La pregunta es: ¿hasta dónde será capaz de llegar la ultraderecha para sabotear el proceso? Como las partes prometieron no levantarse de la mesa pase lo que pase, ¿no tramará la ultraderecha algo bien gordo, un acto tan monstruoso que no podamos ignorar? Lo pienso y tiemblo. Son capaces de todo. Y no los nombro por sus nombres por físico miedo (“cuando no tenemos presencia de ánimo, debemos procurar ausencia de cuerpo”).

Pero hay algo peor que las Farc y la ultraderecha: el ultravacío institucional en que hemos caído: la oposición fue cooptada temprano por Palacio y la separación de los poderes es un chiste. La abortada reforma a la justicia dejó ver la miseria del Congreso, la abyección de las Cortes y el cinismo del tahúr de Palacio.

Como si fuera poco, tenemos un fiscal pusilánime que en lugar de resolver casos gravísimos (por ejemplo DNE y SaludCoop) se inventa infamias como la cometida contra Sigifredo. Y eso que es borgiano. ¡Qué tal que leyera manuales de superación!

Como si fuera poco, el santón de la Procuraduría se escandaliza ante medidas elementales de salud pública, pero es capaz de feriar puestos sin rubor para comprar los votos de los congresistas y los magistrados.

¿Y el tahúr? Mira para otro lado, con esa distinción tan propia de la gente de alcurnia.

Como si fuera poco, la Corte Suprema, otrora trinchera clave contra los bárbaros, vende su alma a cambio de blindajes y chanfainas para la parentela y las queridas. La misma Corte que atajó la reelección de Uribe y encerró decenas de parapolíticos, hoy le echa tierra al asunto para excarcelar a esos mismos sujetos, cuyos colegas reeligen, en prueba de gratitud, al hombre que velará insomne otros cuatro años por la buena conducta de los funcionarios públicos. ¡Salve, Alejandro!

Es tal la manguala entre los tres poderes, que uno añora los tiempos de Uribe, cuando el “juego de contrapesos” era a muerte: los alfiles de Palacio chuzaban a los magistrados y les inventaban prontuarios y el ejecutivo los llamaba terroristas y los magistrados encerraban a todo el mundo, desde el primo del ejecutivo para abajo.

Por todo esto, me rindo. Vuelva, don Álvaro. La hecatombe tan temida producídose ha. Nos arrepentimos de lo que hemos dicho contra usted. Vuelva, hágalo por los intereses superiores de la patria. Al menos con usted uno sabe a qué atenerse. Usted nunca nos engañó con maneras alambicadas. Siempre se mostró de frente: burdo, sagaz, elemental y ruin. Nunca posó de demócrata ni de príncipe sutil, como el taimado señorito que lo reemplazó.

Y es que una nación puede sobrevivir al narcotráfico, a la guerrilla, a la injerencia de las potencias extranjeras, a la voracidad del mercado, a las furias de la naturaleza e incluso a sus trinos, Patrón, a cualquier persona, animal o cosa externos, pero es imposible sobrevivir al trabajo de zapa de los humanoides enquistados en el corazón mismo del Estado. La historia no registra el caso de un solo país que haya salido del caos sin contar con el respaldo de instituciones fuertes. De poco o nada servirá la paz con las Farc en semejante escenario. El tahúr y el santón están sellando la suerte del país en papel higiénico.

P. S. La tapa: acabo de enterarme de que “renunciaron” al superintendente de Industria y Comercio. El santón le había abierto pliego de cargos. ¿Su pecado? Combatir la publicidad engañosa y llamarles la atención a las empresas de telefonía móvil por sus abusos contra los usuarios.

Besos, Slim.

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Julio César Londoño
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