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Mie, 05/16/2012 - 08:22
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Judicial | Dic 23 - 9:42 pm"La guía de Dios es que ella tiene que seguir"El pastor de la fiscal Viviane Morales le pide al país que no juzgue a Lucio por su pasado.![]() El pastor Darío Silva, guardián de la fe de Viviane Morales y de su controvertido esposo, Carlos Alonso Lucio, recibió a El Espectador el jueves pasado en su despacho de la iglesia Casa sobre la Roca, en Bogotá, fundada por él y su esposa en 1987. En medio de la peor crisis para la fiscal en su cargo, por cuenta de los señalamientos, rumores y chismes que circulan sobre el torvo pasado de Lucio, la delgada línea que define la legitimidad de sus actos y su supuesta influencia en la administración de Morales, el pastor Silva se mantiene como la “casa sobre la roca” para la fiscal general. Silva, como Lucio, encontraron el camino espiritual cuando llegaron al fondo del abismo. El momento de Lucio ocurrió de rodillas, cuando el jefe paramilitar Carlos Castaño, que había ordenado su secuestro, se aprestaba a asesinarlo. Lucio le ha contado a miles de seguidores de la fe cristiana que fue ahí cuando prometió entregar su vida a Jesucristo trabajando para que otros, que como él habían recurrido a la violencia para hacerse oír, depusieran las armas. Una vez, dando su testimonio en la iglesia del pastor Silva, vio a un hombre que se acercaba al altar para decirle que lo perdonaba: el M-19 había matado a su padre. Otros feligreses, entre ellos varios exmilitares, siguieron el ejemplo. Silva, por su parte, era uno de los periodistas más reconocidos en la época de Turbay Ayala. Su noticiero Noticolor salió por primera vez al aire en agosto de 1979 y en ese entonces, como él mismo lo admite, su estilo era “sectario”. Silva cuenta que desde el noticiero respaldó casi a ciegas al gobierno de Turbay, una administración que polarizó al país con su polémico estatuto de seguridad. Pero en 1982 llegó Belisario Betancur, un hombre decidido a negociar con la izquierda insurrecta. Noticolor se acabó. Silva quebró. Se alcoholizó. Y cuando empezó a contemplar el suicidio como la única alternativa, según narra él mismo, Jesucristo se le atravesó en el camino. Desde entonces, Silva y Lucio han sido miembros devotos de la iglesia cristiana. La fiscal Morales lo era desde los 17 años, cuando dejó el catolicismo. Se casó luego con un pastor, de quien se divorció en difíciles términos. El pastor Silva prefiere omitir cualquier comentario sobre ese divorcio. Él cree lo mismo que ellos: que el amor de la fiscal y Lucio cuenta con la bendición de Dios. Aceptar casarlos, sin embargo, fue casi tan problemático para él como para ella, en ese entonces una congresista que puso su corazón en manos de un desmovilizado del M-19 que, para rematar, estaba en la cárcel La Picota, condenado por el delito de falsa denuncia. “Hay muchos antidivorcistas a ultranza que no querían aceptar a Viviane en nuestra iglesia cuando me dijo que quería unirse, hacia 1998. Yo igual la recibí con los brazos abiertos. La conocía desde que, a través de la Coordinación Evangélica de Colombia, empezamos a trabajar en la Asamblea Nacional Constituyente, y luego la lanzamos al Congreso. Cuando Lucio y ella me dijeron que querían casarse, me fui con mi esposa a una casita que tengo en Huila. Durante ocho días ayuné y oré para que Dios me guiara. Imagínense la dificultad para mí de manejar eso: un exguerrillero y una mujer divorciada de un pastor evangélico. No saben cómo fue eso de la boda”. El pastor Silva dice que su conclusión fue una sola: “¡Cómo no los iba a casar! ¿Es que acaso una divorciada no tiene derecho a rehacer su vida? ¿A un exguerrillero que dejó las armas lo vamos a seguir juzgando por su pasado?”. Otros pastores de su comunidad, narra Silva, quisieron sancionarlo por casarlos. Antes de unirlos, Silvia había bautizado a Lucio en la cárcel La Picota, donde lo había conocido a través de una evangelista que visitaba centros de reclusión. El exguerrillero estaba en una casa fiscal en la que había armado un grupo de oración. Es decir, a Viviane y a Lucio los conoció por separado y, aclara, “yo no sé cómo empezó su historia de amor”. El grupo de oración de Lucio dejó en evidencia que su historia y la de Silva estaban tejidas con un delgado hilo. Silva, señala él, combatía al M-19 desde su noticiero. Y resultó que uno de los compañeros de oración de Lucio era un exguerrillero del M-19 cuyo frente había secuestrado al hermano de la esposa del pastor. Ella, justamente, lo acompañó a una reunión del grupo. Lo escuchó leer una carta, se acercó, lo abrazó, y le dijo que lo perdonaba a él y a todos los involucrados en el plagio, crimen que llevó a la tumba a su madre. “Ese grupo de oración era el país que yo quería ver: exmilitares, exparamilitares y exguerrilleros abrazados bajo la bandera tricolor y la luz de Cristo”, resalta el pastor Silva. Que Viviane Morales y Carlos Alonso Lucio se casaran por segunda vez, después de un divorcio que no duró más que un par de años, alegra al pastor Silva: “Yo los casé para toda la vida”, dice, y agrega: “No podía ser de otra forma. Si ellos intentaban arreglar su matrimonio a escondidas, ¿qué iba a ser él?, ¿el mozo de la fiscal?”. El escándalo que ha suscitado el regreso de Viviane con su exesposo, anota Silva, la ha entristecido. “Eso es normal. Pero también la he visto serena. Lucio no ha hablado conmigo de ese tema, sólo me llamó desde Cali el día que se presentó el escándalo y me dijo: ‘Sería bueno que oraras con ella’. Yo la llamé y oramos. Para eso estamos los líderes espirituales”. En la Casa sobre la Roca es común ver a Viviane y Lucio juntos, atendiendo las ceremonias religiosas. No obstante, con respecto a la objetividad de la fiscal, el pastor Silva es un escudero que enfrenta viento y marea: “El que piense que Lucio pueda influir de alguna manera en una decisión de Viviane Morales no la conoce. Ahí sí puedo meter las manos al fuego. Esa mujer es vertical, con principios y valores, transparente e insobornable, y no va a hacer nada que contradiga la ley ni que contradiga a Dios. No es posible”. Con cada palabra, el pastor Silva deja ver que es más cercano a la fiscal que a su esposo. No obstante, critica a quienes la critican por los antecedentes de su marido. “Qué tal que nos pusiéramos a averiguar con cada funcionario cómo influye su cónyuge en las decisiones que toma. Es muy complicado. Es suspicacia. No creo que uno deba juzgar por apariencias. Juzguemos por hechos. Si se llegara a presentar una influencia indebida, el primero que lo diría soy yo, pero hasta el momento no se ha presentado”, enfatiza Silva, y añade que tal vez lo que está sucediendo sirva “para que haya completa transparencia”. Silva describe a Carlos Alonso Lucio como un hombre brillante, de buena formación intelectual, un lector infatigable. “Tiene mucho carisma. Cuando contó su testimonio en mi iglesia parecía una caja de música, una película, nada se movía”. Asegura que en este país la desconfianza es normal, pero confía en que el tiempo “es el mejor aliado para que se aclaren las cosas”. Dice que la situación es tan compleja que cualquier chisme resulta validado, como ese de que Lucio está ejerciendo como pastor: “No es cierto”, refuta categóricamente. Silva cree en el amor de Lucio y la fiscal, así como en la capacidad de ella para discernir. “La guía de Dios es que ella tiene que seguir ahí”, asevera Silva. Una iglesia con 45 mil feligreses Hace casi 25 años, Darío Silva fundó con su esposa la iglesia cristiana Casa sobre la Roca. Después de su quiebra como empresario de televisión, ad portas del suicidio, con amenazas de muerte de los violentos, Silva “conoció el evangelio”. En 1987 fue ordenado como pastor. La iglesia empezó poco después con 72 miembros. Hoy congrega en Colombia a unos 45 mil feligreses, más de 13 mil de ellos en Bogotá, y cuenta con 28 iglesias en todo el país, tres en la Florida (Estados Unidos) y una más en Madrid (España). Casa sobre la Roca tiene un instituto bíblico con más de mil alumnos que se convertirá en la Universidad Cristiana Integral. Sobre Lucio, dice Silva: “Él me contó que cuando Carlos Castaño lo iba a matar, se arrodilló y dijo: ‘Jesús, si de verdad existes, me comprometo a que apenas salga de este problema me voy a dedicar a que otros depongan las armas’. Y así fue. Recuerdo que Lucio me pedía libros cristianos que terminó llevando a Ralito y se los mostró a los jefes de las autodefensas”. Y concluye: “¿Por qué muchos aplaudimos que Petro hubiera llegado a la Alcaldía por las vías democráticas y nos parece tan malo que Lucio, que está en paz con la justicia, haya regresado con la mujer que ha sido el amor de su vida?”. La controversia que no cesa Una vez la fiscal Viviane Morales aceptó ante la opinión pública que no sólo había vuelto a frecuentar como pareja a su exesposo, Carlos Alonso Lucio, sino que se habían casado nuevamente, se desató una controversia que aún está lejos de amainar. Columnistas como María Elvira Samper, María Isabel Rueda, Cecilia Orozco o María Jimena Duzán han recordado con lujo de detalles el pasado de Lucio y han afirmado que temen que pueda influir en las decisiones de la Fiscalía de Morales. El último episodio que atizó esta controversia fue protagonizado por el excomisionado de paz Luis Carlos Restrepo, quien le reveló a Morales en una carta varios episodios protagonizados por Lucio en los tiempos de Santa Fe de Ralito. Redacción Judicial | elespectador.com |
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