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Tema del dia | Ago 03 - 10:00 pm

Un súper-robot a punto de llegar a Marte

Curiosity, un sofisticado vehículo que pesa 900 kilos y costó más de US$2.500 millones, debe superar una compleja maniobra de descenso antes de comenzar a buscar rastros de vida.

Buscar rastros de vida antigua en Marte. Esa es la misión del Curiosity, el vehículo más grande y sofisticado que la NASA ha enviado al espacio exterior. Con casi 900 kilos de peso y dotado de la más alta tecnología, el robot aterrizará este 6 de agosto en suelo marciano.

El cráter Gale es el punto elegido para el descenso, luego de un viaje de 538 millones de kilómetros iniciado en la Tierra en noviembre del año pasado. Llegará a finales del invierno, donde lo espera una temperatura de unos 90 grados centígrados bajo cero.

Pero para tocar la superficie deberá pasar por “siete minutos de terror”, justo cuando atraviese la atmósfera del planeta rojo. En ese entonces la velocidad de la cápsula que lo transporta será de 5.900 metros por segundo. Para reducirla, un paracaídas de 16 metros de diámetro se abrirá cuando esté a 11 kilómetros del suelo y luego entrará en acción una plataforma con una grúa que lleva unos retrocohetes de frenado. De allí, el vehículo quedará colgando por unos cables hasta tocar el suelo.

Si no hay ningún contratiempo en esta arriesgada maniobra de descenso, nunca antes puesta en marcha, el Curiosity desplegará sus equipos y hará una evaluación de sus comunicaciones para, luego, enviar imágenes a la Tierra. Sin embargo, tendrá que pasar una semana para que empiece a rodar e inicie la exploración del planeta durante los próximos dos años.

Pero de haber un error, este robot, que se mueve sobre seis ruedas de medio metro de diámetro y que está guiado por cámaras y ordenadores, quedará convertido en chatarra. Si eso llega a pasar, se perderán los 2.500 millones de dólares que se han invertido en el proyecto.

“Este aterrizaje es la operación más dura que la NASA ha intentado en la historia de la exploración planetaria con robots”, dijo hace poco John Grunsfeld, de la dirección de ciencias planetarias de la agencia estadounidense.

Y es que el peso de este vehículo impidió que los ingenieros emplearan la técnica de los airbags que habían utilizado anteriormente para enviar robots a Marte. Ella consistía en envolverlos en una especie de balón que rebotaba varias veces en el suelo antes de detenerse.

Lo que hará el Curiosity será examinar los 154 kilómetros de diámetro del cráter Gale, un impacto formado hace unos 3.000 millones de años y que posiblemente albergó algún tipo de forma de vida primitiva.

En este lugar se han detectado arcillas que se habrían formado en un entorno húmedo hace millones de años. Es decir que, como misiones anteriores, lo fundamental es hallar alguna pista que indique existencia de agua, aunque también se espera encontrar elementos esenciales como oxígeno, nitrógeno y azufre.

“Si esta misión descubre que ese lugar, el cráter Gale, ha tenido condiciones favorables para la vida, ese hallazgo puede permitir afinar futuras misiones que traigan muestras a la Tierra o para misiones avanzadas que hagan allí los experimentos de detección de vida”, explicaron hace un tiempo especialistas de la NASA.

Para hacer este trabajo de campo de manera programada, el Curiosity cuenta con diez instrumentos científicos, entre los que están microcámaras, sensores de radiación del entorno, un dispositivo perforador para acceder a rocas bajo la superficie y varias decenas de cápsulas en las que el brazo articulado depositará muestras tomadas en el entorno.

Además de ello, tendrá un generador termoeléctrico de dióxido de plutonio (4,8 kilos) que será capaz de suministrarles energía a todos los dispositivos durante mínimo 14 años. A diferencia de este nuevo sistema, sus antecesores, el Spirit y el Opportunity, que llegaron a Marte en 2004, se surtían de energía por medio de unos paneles solares.

Antes de enviar este sofisticado robot, sus creadores, los científicos e ingenieros del Jet Propulsion Laboratory (de Caltech, en California), lo sometieron a un proceso de esterilización entre 110 y 146 grados centígrados durante 144 horas, para evitar la contaminación nociva de los cuerpos celestes.

Allá, en Marte, a 248 millones de kilómetros de la Tierra, será este sofisticado robot el que empiece a escribir la historia del planeta rojo.

Sergio Silva Numa | elespectador.com
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