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Medios | Mayo 22 - 10:42 pm

En las entrañas del capo

Dos de las premisas de la superproducción fueron responsabilidad y rigor histórico.

Carlos Moreno, uno de los directores, y Diego Guarnizo, director de arte, revelan los retos de recrear el universo de Pablo Escobar.

En la reciente feria del mercado televisivo, LA Screenings, que se realiza todos los años en Los Ángeles y que se llevó a cabo la semana pasada, la serie que pronto estrenará Caracol TV, Escobar, el patrón del mal, se llevó las mejores críticas de la industria. Por lo tanto, no es de extrañarse que tenga un gran éxito internacional, además del esperado en el país.

Productores, actores, directores y el equipo en general que participa en esta superproducción, en preparación por un par de años, llegan a la conclusión de que sobre ellos recae una gran responsabilidad: contar con rigor histórico una época dolorosa y sangrienta de Colombia y recordarles a todos y enseñarles a las nuevas generaciones que Escobar, el patrón del mal, no fue un héroe para estampar en una camiseta y lejos de ser un ídolo fue un psicópata con una sed de poder inagotable que sembró el terror en la población civil.

Para Carlos Moreno (Perro come perro, Todos tus muertos) , codirector, junto con Laura Mora, esta es una segunda oportunidad de explicar y explicarnos qué fue lo que pasó, de qué se trató el narcotráfico y cómo afectó nuestra vida como colombianos. “Yo creo que ese fue el reto más importante de esta serie. Estamos hablando de un producto que les llegará a millones de colombianos, y ponerlo en la pantalla es un compromiso muy grande”, afirma Moreno. De hecho, confiesa que las escenas más complejas de realizar fueron aquellas en las que la historia debía replicarse tal y como fue en la realidad, las que muchas personas tienen presentes en sus imaginarios. Es el caso de los asesinatos de Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara Bonilla y Guillermo Cano.

Moreno, quien tiene en sus producciones cinematográficas una mirada particular, confiesa que la serie no es una obra de autor, sino un trabajo colectivo. “El canal fue muy generoso en proveer unos tiempos importantes de preproducción. Muchas de las cabezas que están implicadas en la producción vienen del cine, lo que es un voto de confianza y genera un acercamiento al lenguaje cinematográfico en términos de fotografía, de trabajo con los actores y del diseño de la puesta en escena”.

Diego Guarnizo y Germán Lizarralde, directores de arte, vestuario y maquillaje, fueron los encargados de recrear el universo de Pablo Escobar y la época en que transcurre la serie. Tienen la fortuna de haber sido los directores de arte de las pasadas ‘narcoseries’ como las dos partes de El cartel y Las muñecas de la mafia. Tenían ya un estudio juicioso, una investigación alimentada de estos tiempos y de la estética ‘narco’, pero de igual manera hurgaron en archivos periodísticos, policiales y personales para saber cómo se vestían los Galán, los Cano, los Lara y Pablo Escobar. “Era cuestión de emularlos, jugar a Yo me llamo, porque debíamos recrear cada detalle, cada prenda, cada textura de ropa, los peinados, etc.”, sostiene Guarnizo. En efecto, hubo un trabajo de reproducción de ropa y de maquillaje muy grande. La peluca que utiliza Andrés Parra para encarnar a Escobar tuvo que ser traída de una fábrica en Los Ángeles porque las nacionales no se acercaban a lo que querían. Los vestidos de Regina Parejo (Virginia Vallejo), interpretada por Angie Cepeda, fueron reproducidos exactamente y además alimentados por la generosa donación que hizo la diseñadora María Luisa Ortiz de los vestidos de su mamá que reflejaban la época.

Los espacios fueron otro gran reto. Recrearon la hacienda Nápoles en los Llanos Orientales; el apartamento de Escobar del edificio Mónaco, en Medellín; Tranquilandia, el centro de acopio de cocaína más grande que tuvo Colombia; el diario El Espectador, entre otros. Guarnizo encontró en el libro, The Memory of Pablo Escobar (La memoria de Pablo Escobar), escrito por James Mollison, un documento fotográfico importantísimo de imágenes inéditas que recrean muchos de los espacios en los que se movía el capo.

Partir del libro de Alonso Salazar, La parábola de Pablo, alimentado de extensa documentación, fue asimismo un elemento clave para acercarse a lo que significaba ser Pablo Escobar y sus víctimas, quienes son los verdaderos héroes de esta historia.

Liliana López Sorzano | elespectador.com
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