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Miercoles, 17 de Mar de 2010 | 9:00 pm
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Opinión | Nov 20 - 10:57 pmTareasPor: Diana Castro BenettiLas tareas tienen sus encantos. Se visten de deberes con variedad de generaciones familiares observando desde una pared o se preparan con exquisitez cerca de los fogones de la seducción.A veces sólo adquieren un disfraz de tecnología innovadora para seguir siendo los mismos encargos de siempre. Los oficios y sus quehaceres tienen alma propia y viven de los refunfuñes cotidianos como también de la urgencia por los resultados, los avances y los éxitos. Hay labores que suelen estar llenas del ímpetu de los ciclones o están aquellas que se mimetizan con el placer y el éxtasis. Muchas otras son menos atrevidas y van gritando que los deberes han de ser recios como la tradición y nunca admitir chismes de café. Con su puñado de pendientes, cada quien va llegando al final del día con lo que hizo o dejó de hacer. Y es que cada responsabilidad a cuestas, se remite siempre al lugar privilegiado de la memoria donde se esconden planas y multiplicaciones o se disimula lo no dicho, los sueños de los corazones y las escaramuzas en los pliegues de otros cuerpos. Y es que hay tareas que se van pegando a las rutas, itinerarios y vericuetos de dimensiones inesperadas. Pero, las verdaderas son aquellas que van más allá de los deberes designados por otros. Son las que se funden con los actos de conciencia como acciones definidas por la voluntad. Ésas que, por únicas y propias, saben a vocación y amplían el centro de un espíritu que amanece sereno o que avivan las convicciones para poder caminar con ligereza y contundencia por los mundos ajenos. Las mejores tareas son las que se aceptan y se disfrutan más allá del orgullo de saberse útil. Tarea, es el oficio de un caminante suelto, flexible, alegre y sin apegos. Tarea es el placer de un maestro que no profesa impedimentos; tarea es la ruta segura para hacer real una imposibilidad. Y, son aprendices de magos los que saben que su tarea es sumar al interés de otros y son magos más que aprendices, los que hacen de su vida su propio oficio. Diana Castro Benetti |
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